El palo mágico vikingo para elaborar cerveza

Una de las anécdotas o mitos cerveceros que más nos llamaron la atención cuando empezamos a cultivarnos en el mundo de la cerveza y a leer todo lo que caía en nuestras manos, fue el descubrir lo que se conoce como el palo mágico vikingo (magic stick brew). Son algunos los libros y muchas las webs que hacen referencia a él, si bien la bibliografía que se tiene al respecto es escasa en inglés y nula en español.

Es conocida la afición de las tribus escandinavas por las bebidas alcohólicas, ya fuera hidromiel o cerveza (en otra entrada hablaremos de las diferencias). Cada casa fermentaba su propia bebida a base de granos de cereales, agua y poco más (en ocasiones miel). Una vez tenían este mosto, lo agitaban con un palo. Este palo tenía connotaciones mágicas, ya que convertía el caldo de grano en alcohol, así que es normal que se cuidara con recelo y pasara de generación en generación como si de un tesoro se tratase.

Es evidente que el palo no tenía poderes, pero ¿por qué le concedían entonces la cualidad de mágico? Gracias al descubrimiento de Pasteur en 1857, sabemos que la levadura es la responsable de la fermentación alcohólica, antes de esto se desconocía el proceso por el cual un caldo elaborado con diversos granos acababa convirtiéndose en una bebida alcohólica. De hecho, las primeras cervezas se elaboraban gracias a la suciedad del ambiente; el mosto hacía de caldo de cultivo para el hongo, que circulaba por el aire y se reproducía en este caldo. Pero podéis imaginaros que este proceso es bastante lento, y que es un sistema que no te asegura nunca obtener dos cervezas iguales. De aquí viene la connotación mágica del palo: favorecía la pronta reproducción del hongo a la vez que aseguraba de algún modo un sabor parecido.

¿Cómo funcionaba el palo mágico vikingo? Después de haber sido usado para hacer la primera cerveza, el hongo se quedaría adherido al palo. Al usarlo para mover la segunda cerveza, a la temperatura adecuada y con una buena oxigenación, el hongo se reproduciría en el nuevo mosto, y así sucesivamente. Suponemos también que la técnica del palo se iría perfeccionando, creando palos decorados y estriados para albergar mayor cantidad de hongo.

En resumen, sí que existió el palo mágico como técnica de elaboración de cerveza, pero aclaramos que no era una madera especial, sino que simplemente era un elemento vehicular que transportaba el hongo de mosto en mosto.

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